No Mires tu Fe Mira a Jesús

Tu victoria no depende de la medida de tu fe, sino de la fidelidad de Dios y la obra terminada de Cristo.

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No mires tu fe Mira a Jesús

“Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es, y mañana se echa en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” (Mateo 6:30).

¿Alguna vez te has encontrado haciendo un balance de tu propia fe, midiendo tus esfuerzos bajo la lupa de la duda? Es posible que hayas estado creyendo al Señor por un avance extraordinario en un área cercana a tu corazón, pero ante el silencio de las circunstancias, surge una pregunta que roba la paz: “¿Realmente veré el cumplimiento de esta promesa?”. Y casi sin darte cuenta, el enemigo susurra una sentencia desoladora: “Quizás simplemente no tienes suficiente fe”. Si hoy te encuentras en ese lugar, permite que la luz de la verdad de nuestro Salvador disipe cualquier sombra de incertidumbre. En el Evangelio de Mateo, nuestro Señor Jesús dirige nuestra mirada hacia las aves del cielo y los lirios del campo, recordándonos que nuestro Padre celestial, con un amor inagotable, se deleita en sustentar, proteger y vestir la creación con un detalle exquisito. Cuando Jesús nos llama “hombres de poca fe”, no lo hace para condenarnos ni para exigirnos una capacidad humana que no poseemos; al contrario, lo dice en medio de una invitación a soltar el afán. Él no nos exhorta a esforzarnos más para producir una fe que nosotros mismos no podemos fabricar, sino que nos invita a contemplar la fidelidad inamovible de un Padre que se deleita en cuidar a sus hijos.

Es una preciosa iluminación descubrir que nuestra posición ante Dios no depende de la intensidad de nuestra fe, sino de la perfección de la obra terminada en la cruz. A menudo caemos en la trampa sutil de pensar que el Señor está esperando a que alcancemos un nivel específico de fe antes de intervenir a nuestro favor, convirtiendo nuestra fe en una moneda de cambio. Pero nada podría estar más alejado de la realidad de la gracia. La Escritura nos asegura en Romanos 8:32 que, si Dios no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas? Nuestra provisión, nuestra sanidad, nuestra sabiduría y cada victoria que necesitamos ya han sido aseguradas por el sacrificio del Señor Jesús. Dios es fiel, no porque nosotros seamos perfectos en nuestro creer, sino porque Él no puede negarse a sí mismo. Como se nos instruye en Hebreos 12:2, nuestra vida de victoria comienza al poner los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. No mires al tamaño de tu fe, porque eso solo te llevará a enfocarte en ti mismo; en lugar de eso, mira a Aquel que es infinitamente fiel.

Si hoy te sientes débil o si tus fuerzas parecen menguar, recuerda que Su poder se perfecciona precisamente en esa flaqueza, tal como nos enseña 2 Corintios 12:9. Eres profundamente amado, eres vigilado con un celo tierno y eres sumamente precioso ante Sus ojos. Tu Padre celestial ya ha provisto todo lo necesario para tu vida y tu piedad; no tienes que luchar para obtener lo que ya te ha sido otorgado por gracia. Al elevar tu oración en comunión con Él, hazlo no como alguien que suplica por una migaja, sino como un hijo amado que agradece lo que ya ha sido dispuesto en el cielo. Descansa en la seguridad de que tu victoria no descansa sobre tus hombros, sino sobre los hombros de Aquel que venció al mundo, al pecado y a la muerte. Permanece firme en la certeza de que tu Padre te sostiene, te guía y te cubre con Su favor inmerecido, permitiéndote caminar no por vista, sino por la realidad gloriosa de lo que Él ya ha consumado a tu favor.

La misión de la Asociación MAAM Costa Rica es edificar a los creyentes, profundizando su caminar con Cristo, para que disfruten de la Gracia que Dios nos ha dado.

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