La Prosperidad que Trae la Alabanza
Frente al agobio semanal, la historia del rey Josafat enseña a cambiar la estrategia: sustituir el control por la alabanza. Al adorar, se entrega la batalla a Dios, permitiendo que Su poder actúe mientras descansas en Su gracia.
Pastor Juan Carlos Pérez Corrales
La Prosperidad que Trae la Alabanza
“Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, el Señor puso emboscadas contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, que venían contra Judá, y se mataron unos a otros”. (2 Crónicas 20:22)
Me pregunto cómo ha transcurrido tu semana. Para algunos, estos días han sido una ráfaga de productividad y movimiento incesante, mientras que para otros, quizás la carga ha sido tal que solo intentan avanzar un respiro a la vez. Sea cual sea tu panorama actual, quiero invitarte a detenerte un instante. No para analizar el problema, sino para hacer algo mucho más poderoso: para adorar al Rey.
En las Escrituras encontramos una iluminación preciosa en la historia del rey Josafat. Él se encontró de repente rodeado por una coalición de enemigos que superaban por mucho sus fuerzas. Humanamente, la derrota era inevitable. Sin embargo, Josafat no se dejó consumir por la estrategia militar o el pánico; él fijó sus ojos en la bondad del Señor. La Biblia nos enseña que, siguiendo una instrucción divina, él no puso a sus mejores guerreros al frente, sino a los cantores. ¡Qué locura para el mundo, pero qué sabiduría para los hijos de Dios!
Debes comprender que la adoración no es solo una canción bonita; es una declaración de dependencia absoluta y una ocupación del terreno espiritual. Mientras Josafat y el pueblo de Judá levantaban sus voces reconociendo que la misericordia del Señor es para siempre, algo sobrenatural sucedió en lo invisible. La Biblia dice que, en el momento exacto en que comenzaron a alabar, el Señor mismo tendió emboscadas contra los adversarios. El enemigo se confundió y se destruyó a sí mismo.
“No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad firmos, y ved la salvación del Señor con vosotros”. (2 Crónicas 20:17)
Esta promesa sigue vigente para ti hoy. Cuando adoras en medio de la prueba, estás soltando el control y permitiendo que el Capitán de las huestes celestiales tome el mando. La adoración es el lenguaje de la fe que dice: "Señor, no sé cómo lo harás, pero sé quién eres Tú". Al alabar, estás invitando la presencia de Aquel que transforma los valles de sombra en huertos de bendición.
“El Señor peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”. (Éxodo 14:14)
No permitas que el ruido de tus circunstancias ahogue tu canto. Mientras exaltas Su nombre, cree con todo tu corazón que el Señor ya está actuando entre bastidores. Él está alineando las piezas a tu favor, deshaciendo los nudos que te atan y convirtiendo lo que el enemigo planeó para mal en un botín de gracia abundante. Al final de esta batalla, no saldrás agotado, sino cargado de bendiciones que ni siquiera tuviste que fabricar con tus propias manos. ¡Tómate un momento ahora mismo y deja que tu alabanza desate la victoria!, así como le sucedió al rey Josafat.
"Viniendo, pues, Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, las cuales tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días estuvieron tomando el botín, porque era mucho". (2 Crónicas 20:25)


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