La Certeza del Perdón
Supera el temor y el legalismo religioso de la condenación, al descansar en la obra terminada de Jesús y en Su perdón eterno.
Pastor Juan Carlos Pérez Corrales
El Perdón de la Gracia
«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia». — Efesios 1:7–8
Tal vez hayas crecido escuchando que para ser perdonado, restaurado o aceptado por Dios, hay ciertas condiciones que primero debes cumplir, una serie de peldaños religiosos que debes escalar con tu propio esfuerzo antes de ser digno de mirar al cielo. Es posible que pasajes como la primera epístola de Juan, en su primer capítulo, te hayan dejado luchando en el silencio de tu corazón con preguntas que desgastan tu paz interna, cuestionamientos profundos sobre si realmente han sido perdonados todos tus pecados, qué papel juega la confesión diaria en tu posición legal delante del Padre, o si un tropiezo repentino significa que has perdido de inmediato tu comunión con el Altísimo. Hoy en día, una gran multitud de creyentes en el cuerpo de Cristo camina bajo el peso de un cielo de bronce, luchando por asimilar la verdad radical de que verdaderamente han sido perdonados, purificados y santificados a través de la obra perfecta, absoluta y terminada de nuestro Señor Jesús, tal como nos lo recuerda el autor de Hebreos al declarar que con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
En lugar de descansar en la seguridad inconmovible de lo que Cristo ya logró en la cruz, el diseño de la religión legalista empuja a las almas a vivir en un estado constante de incertidumbre y ansiedad espiritual, donde la mente repite un eco de condenación, preguntándose si el último error fue demasiado grave o en qué posición legal se encuentran hoy frente a la santidad divina. Sin embargo, el corazón del Señor jamás ha sido que permanezcamos atrapados en el calabozo del miedo, la inseguridad y la culpa, pues el profeta Isaías ya anticipaba el tono del nuevo pacto al invitarnos a volver al Señor, el cual tendrá de nosotros misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
La verdadera iluminación del Espíritu Santo nos revela que la justicia no es un premio que se gana, sino un regalo que se recibe por la fe, y cuando esa luz inunda el entendimiento, comprendemos que el sacrificio en el Calvario no fue un intento de salvación, sino una victoria total y eterna. El apóstol Pablo nos guía a comprender que Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, recordándonos que por gracia sois salvos.
Esta comunión íntima y viva con el Padre no se rompe con tus fluctuaciones humanas, porque tu comunión no está cimentada en tu desempeño perfecto, sino en la perfección de tu Sustituto, aquel que se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas después de haber efectuado la purificación de nuestros pecados. Al mirar la cruz, la iluminación divina te permite ver que Jesús absorbió toda la condenación que te correspondía, exclamando con autoridad celestial que todo estaba consumado, lo que significa que la deuda ha sido cancelada por completo y el tribunal divino ha quedado satisfecho para siempre.
A medida que dejas de mirarte a ti mismo y fijas tus ojos en el autor y consumador de la fe, la seguridad de tu justificación produce un fruto natural de santidad y amor, permitiéndote caminar plenamente en la libertad, la alegría rebosante y la victoria que Jesús te compró con el precio de su propia sangre. El deseo del Señor es que seas firmemente establecido en el evangelio de la gracia, arraigado y cimentado en un amor que echa fuera todo temor, para que despiertes cada mañana sabiendo con absoluta certeza que el favor inmerecido de Dios te rodea como un escudo, que su rostro resplandece sobre ti y que la justicia de Cristo es tu vestidura eterna, garantizando que hoy, mañana y siempre, eres profundamente amado, completamente perdonado y aceptado en el Amado.


La misión de la Asociación MAAM Costa Rica es edificar a los creyentes, profundizando su caminar con Cristo, para que disfruten de la Gracia que Dios nos ha dado.
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