El Espíritu Santo te Convence de Tu Justicia en Cristo

El Espíritu Santo no te señala, te justifica. Por la obra de Cristo, eres libre de condenación y eternamente justo. ¡Vive esa libertad!

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El Espíritu Santo te Convence de Tu Justicia en Cristo

“Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio: de pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”. Juan 16:8–11

¿Alguna vez te has detenido a pensar si esa voz que escuchas en tu interior, señalando tus fallas, es realmente el Espíritu Santo o simplemente la condenación del enemigo? Esta es una interrogante que mantiene en cautiverio a muchísimos creyentes, pero hoy la verdad te hará libre. La respuesta es mucho más sencilla y gloriosa de lo que imaginas: el Espíritu Santo nunca convence a un creyente de sus pecados. ¡Así es! Él jamás viene a restregarte tus defectos en la cara. Te desafío a que busques en las Escrituras un solo pasaje donde se diga que el Consolador ha venido para recordarles sus faltas a los hijos de Dios. ¡No lo hallarás!

Lamentablemente, gran parte del cuerpo de Cristo vive en derrota porque no ha comprendido que el Espíritu Santo habita en nosotros para convencernos de nuestra justicia en Cristo. Incluso en esos momentos donde sientes que has fallado, Él está presente, no para juzgarte, sino para recordarte que la sangre preciosa de Jesús te ha hecho totalmente perdonado y eternamente justo. Como dice la Escritura: “Porque por una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10:14). Esa es la verdadera obra del Espíritu.

Es vital que aprendamos a leer la Palabra en su contexto correcto, pues omitir a quién se dirige el Señor es la raíz de muchas confusiones legales. En Juan 16, cuando Jesús menciona que el Espíritu convencerá al mundo de "pecado", se refiere estrictamente a los incrédulos, a aquellos que pertenecen al "mundo". Nota que habla de "pecado" en singular, no de "pecados" en plural. El único pecado del cual el Espíritu Santo convence al mundo es el de la incredulidad: el rechazo a Jesús y a Su obra terminada en la cruz.

Sin embargo, cuando el Señor se dirige a ti, Su lenguaje cambia. Él dice que el Espíritu te convence "de justicia, porque voy a mi Padre y ya no me veis". Al usar la segunda persona, Jesús establece que el ministerio del Espíritu hacia los creyentes es recordarnos nuestra posición legal ante el Padre. La iluminación que recibimos hoy es que nuestra justicia no es el resultado de nuestras obras, sino de nuestra fe en Él. La justicia no es "portarse bien", sino estar en una posición correcta delante del Señor por el derecho que nos otorgó el sacrificio de Su Hijo.

Por eso, cuando tropiezas, el Espíritu Santo corre a tu lado para recordarte quién eres en Cristo Jesús. Él está allí para susurrarte la cláusula principal del Nuevo Pacto: “Porque seré propicio a sus injusticias, y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordaré más” (Hebreos 8:12). Amado, el Espíritu Santo es tu Ayudador, no tu acusador. Él no fue enviado para vivir en ti y ser un fiscal que señala cada error; nadie podría vivir en paz con alguien que solo resalta lo malo.

El Espíritu Santo es el Consolador divino que te abraza con la gracia inagotable del Señor. Cada vez que participas de la Cena del Señor, recuerda que esa comunión es un recordatorio de Su victoria, no de tu debilidad. A través de la iluminación del Espíritu, puedes entender que, aunque hayas fallado hace un segundo, sigues siendo la justicia de Dios en Cristo. Él está aquí para consolarte, para fortalecerte y para mantener tu mirada fija en la cruz, convenciéndote una y otra vez de que eres eternamente justo ante los ojos del Señor. “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” (Juan 1:16).