De Tal Manera
A través de la obra terminada de Cristo, nuestra culpa fue sustituida por Su justicia. Ya no dependemos del esfuerzo propio, sino de descansar en Su favor y disfrutar la paz de ser plenamente amados.
Pastor Juan Carlos Pérez Corrales
De Tal Manera
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
¿Alguna vez te has detenido frente a un paisaje que te quita el aliento o has saboreado un manjar exquisito y, en ese instante de plenitud, has suspirado deseando que las personas que más amas estuvieran allí para compartirlo contigo? Ese impulso no es una simple casualidad, es la esencia misma del amor. El amor verdadero no conoce el egoísmo; su naturaleza es expansiva, generosa y encuentra su mayor deleite en ver al ser amado disfrutando de la abundancia. Ese, precisamente, es el latir del corazón del Padre celestial hacia ti en este momento.
Desde el amanecer de la creación, el Señor diseñó un escenario de opulencia, paz y vida vibrante. Cada estrella que tachonó el firmamento y cada árbol cargado de fruto fueron dispuestos con una antelación divina. Sin embargo, lo más revelador es el orden de Su obra: el hombre fue creado al final. Fuimos colocados en el Jardín del Edén cuando ya todo estaba terminado, para que nuestra primera experiencia fuera el descanso y el disfrute, no el esfuerzo. Como nos dice la Escritura, el Señor Dios plantó un huerto en Edén y puso allí al hombre que había formado, rodeándolo de todo lo que es agradable a la vista y bueno para comer. Esto nos enseña que fuimos diseñados para ser receptores de Su bondad, canales de Su favor y testigos de Su provisión inagotable.
Incluso cuando la sombra del pecado intentó empañar esa perfección, el amor del Señor no retrocedió ni se extinguió. Él no nos dio la espalda diciendo que ahora debíamos valernos por nuestros propios medios. Al contrario, Su amor se volvió aún más resuelto. La iluminación del Espíritu nos permite comprender que Dios no solo nos amó, sino que nos amó "de tal manera", con una intensidad que sobrepasa todo entendimiento humano. Ese "de tal manera" es la medida de un regalo infinito: la entrega de Su Hijo amado. No envió a un ángel, ni ofreció un sacrificio temporal; entregó al objeto de Su mayor deleite para que tú pudieras ser llamado hijo.
En la cruz del Calvario, nuestro Señor Jesús, el Cordero perfecto, consumó el intercambio más glorioso de la historia. Allí, toda nuestra culpa, el temor al juicio y la separación fueron colocados sobre Él. En ese acto de gracia pura, Su justicia, Su favor inmerecido y Su aceptación total ante el Padre fueron acreditados a nuestra cuenta. Como nos recuerda la iluminación de Su Palabra en Romanos 8:32, si Él no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?
Hoy, tu vida no se define por tus esfuerzos o por lo que crees que te falta, sino por la obra terminada de Cristo. Ya no vives bajo la sombra de la carencia, sino bajo la luz de una herencia de victoria. Al orar en comunión con Él, no lo haces para convencerlo de que te bendiga, sino para agradecerle que cada bendición espiritual en los lugares celestiales ya te pertenece. El banquete está servido, el velo se ha rasgado y el corazón del Padre se regocija cuando descansas en Su amor y disfrutas libremente de la plenitud de Su paz.


La misión de la Asociación MAAM Costa Rica es edificar a los creyentes, profundizando su caminar con Cristo, para que disfruten de la Gracia que Dios nos ha dado.
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