25 diciembre

Nació Para Morir Para Que Tu Puedas Vivir

a chair with a table and lights
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Nació Para Morir Para Que Tu Puedas Vivir

Y esta será la señal para ti: encontrarás a un Bebé envuelto en pañuelos, tendido en un pesebre. (Lucas 2:12)

La historia del nacimiento de Jesús en Belén es familiar para muchos. La Escritura nos narra que, al cumplirse el tiempo, María «dio a luz a su primogénito, le envolvió en pañuelos y lo puso en un pesebre» (Lucas 2:6–7). Sin embargo, surge una pregunta fascinante: ¿por qué el ángel describió específicamente a un bebé envuelto en pañales y acostado en un comedero como una «señal» para los pastores?

Para comprender esto, debemos visualizar lo que era un pesebre en aquella época. Lejos de las representaciones modernas de madera, en lugares como las caballerizas de Megido en Israel, se han hallado bloques rectangulares de piedra con una canaleta tallada para alimentar al ganado. Fue en un recipiente de piedra de este tipo donde el niño Jesús fue colocado tras ser envuelto.

La verdadera iluminación espiritual ocurre cuando conectamos este inicio con el final de Su camino terrenal. Al visitar la tumba vacía en Jerusalén, se puede observar que el lugar donde reposó el cuerpo del Señor —una tumba tallada directamente en la roca— guarda un parecido asombroso con aquel abrevadero de piedra del nacimiento. Tras la crucifixión, la Biblia relata que José de Arimatea tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en lino y lo depositó en una tumba tallada en la roca (Marcos 15:43–46).

Estas similitudes no son casualidad; son el corazón de la señal angélica. El Niño que comenzó su vida envuelto en pañales en un pesebre de piedra, la terminaría envuelto en lino dentro de una tumba de piedra. Todo Su nacimiento apuntaba proféticamente hacia Su muerte.

Jesús es el único ser en la historia de la humanidad que nació con el propósito específico de morir. Al recibir esta iluminación, comprendemos la magnitud del amor de Dios: Él entregó a Su Hijo con un objetivo claro, y el Hijo aceptó voluntariamente venir al mundo para dar Su vida por nuestros pecados. Es conmovedor reflexionar sobre una vida vivida con la plena consciencia de que cada paso era una preparación para el sacrificio en la cruz. Él vivió para morir, y gracias a ese sacrificio, hoy nosotros podemos vivir y disfrutar de una existencia plena y abundante.