25 de noviembre

Sal de Tu Refugio

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Sal de Tu Refugio

El Señor es misericordioso y clemente, lento para la ira y grande en amor. No nos trata de acuerdo con nuestros pecados, ni nos paga conforme a nuestras iniquidades. Porque tan alto como están los cielos sobre la tierra, así de grande es su amor por los que le temen; tan lejos como está el oriente del occidente, así de lejos quita de nosotros nuestras rebeliones. - Salmo 103:8, 10–12

Durante una visita al Monte de las Bienaventuranzas en Israel, se reveló una perspectiva fascinante sobre el encuentro de Jesús con el hombre con lepra en Mateo 8. Después de predicar a las multitudes, nuestro Señor no descendió la montaña hacia ellas. En realidad, se dirigió hacia un camino diferente, muy probablemente hacia Capernaúm (Mat. 8:5).

Mientras bajaba la pendiente en dirección a Capernaúm, en medio de unas losas de piedra dispersas al pie de la montaña del tamaño perfecto para que una persona se refugiara o se ocultara, allí el hombre con lepra estaba, por temor a ser descubierto por la gente, estaba escondido bajo una de esas losas. Jesús camino, sabiendo exactamente dónde estaba, fue deliberadamente a buscarlo antes de que la multitud pudiera alcanzarlo.

En la época de Jesús, la ley de Moisés exigía que las personas con lepra fueran marginadas y aisladas. Plenamente conscientes de su impureza y de lo que la ley demandaba de ellos, su reacción natural era retirarse y esconderse del resto de la sociedad.

Sin embargo, el aislamiento no proporcionaría la curación y la restauración que este hombre desesperadamente necesitaba. Afortunadamente, al escuchar acerca de la bondad de Dios—cómo deseaba ser un Padre amoroso que cuida de cada necesidad— algo cambió en su interior. Esta verdad lo sacó de su escondite y lo impulsó a buscar a Jesús para recibir su milagro. Su mentalidad se transformó: dejó de ver a un Dios que condenaba y marginaba a los impuros, para ver a un Dios que los amaba incondicionalmente, sin importar su condición. Este cambio de perspectiva encendió su fe y le dio el coraje para acercarse y recibir la sanación que tanto anhelaba.

Al igual que el hombre con lepra al comienzo de su historia, ¿podrías estar escondiéndote de Dios hoy? Tal vez estás atrapado en una adicción o un ciclo de derrota del que no puedes escapar. Quizá has sido víctima de abuso y te sientes culpable por ello. O quizás un matrimonio o negocio fallido, o una mala decisión, te ha llevado a una gran pérdida. Y es posible que ese sentimiento de fracaso te esté llevando a evitar a Dios, a la iglesia y a las personas en general.

Amado lector, sea lo que sea que te haga sentir "impuro" o descalificado hoy, Dios desea que cambies tu manera de pensar acerca de Él. En lugar de huir y esconderte, ¡corre hacia Él!