22 diciembre

Intimidad con Dios

man kissing woman at forehead
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Intimidad con Dios

“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas.” Mateo 11:28–29

Más allá de simplemente reclamar promesas de protección como si fueran fórmulas mágicas, el Señor desea ardientemente que te acerques a Su presencia. Correr hacia Él y buscar refugio bajo Sus plumas es un acto que nace de la cercanía, no del ritual. No se trata de la frecuencia con la que recitamos un salmo, sino de cultivar una relación profundamente íntima con nuestro Creador.

Esta seguridad se asemeja a la experiencia de un niño que, asustado por el estruendo de una tormenta nocturna, corre a la habitación de sus padres y se refugia en los brazos de su madre. En ese abrazo, el temor se disuelve y el sueño profundo llega, a pesar de que los rayos sigan iluminando el cielo exterior. No hace falta estudiar manuales de pasos complejos para superar el miedo; la presencia de un padre amoroso es suficiente para ahuyentar cualquier angustia. Jesús, en Su amor infinito, te invita hoy a buscar ese mismo refugio en Él.

Para comprender la magnitud de este sacrificio, podemos observar la naturaleza. Tras un incendio en una granja, es posible hallar bajo el cuerpo calcinado de una gallina a sus pequeños polluelos, vivos y a salvo. Ella dio su vida para protegerlos del fuego. Esta es una poderosa iluminación de lo que Jesús hizo en la cruz: Él recibió en Su propio cuerpo el castigo total por nuestras faltas. El fuego del juicio no cayó sobre quienes lo rechazaron, sino sobre el Hijo Amado, ofreciendo salvación a toda la humanidad.

Lo más asombroso de esta iluminación es que, al ser ofrecido en la cruz, Jesús absorbió el juicio divino y demostró ser superior a él. El sacrificio fue más grande que el fuego porque la Ofrenda no fue consumida por el juicio, sino que lo agotó por completo. Por eso, antes de entregar Su espíritu, declaró con autoridad: “¡Consumado es!” (Juan 19:30). La Ofrenda prevaleció después de que el juicio se terminara, permitiéndonos hoy acercarnos con total valentía y confianza al trono de Su gracia.