21 diciembre
La raíz de una vida transformada
La raíz de una vida transformada
Añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. (2 Pedro 1:5–9)
Es común escuchar, quizás cientos de veces, que como creyentes debemos esforzarnos por demostrar un mayor carácter cristiano, más autocontrol, piedad y bondad. Si bien es innegable que estas cualidades son esenciales y hermosas, surge una pregunta fundamental: ¿cómo logramos desarrollarlas realmente? A menudo, la respuesta convencional apunta hacia la disciplina rígida y el enfoque estricto en los mandamientos como el camino para forjar estas virtudes. Sin embargo, aunque ese enfoque parece lógico para el esfuerzo humano, las Escrituras nos revelan una ruta muy distinta.
Si analizamos con detenimiento las palabras del apóstol Pedro, descubrimos que la ausencia de estas virtudes no se debe a una falta de voluntad o disciplina, sino a un olvido espiritual: el haber perdido de vista que fuimos purificados de nuestros antiguos pecados. Esta es la cláusula maestra del Nuevo Pacto. Cuando un creyente olvida que la sangre de Jesús ha comprado el perdón total de sus faltas, su crecimiento se detiene.
El verdadero secreto de una vida que refleja la naturaleza de Dios no radica en el esfuerzo propio, sino en la iluminación de su perdón. Las personas que caminan en verdadera piedad son aquellas que deciden creerle a Dios y honrar Su Palabra por encima de sus sentimientos; cuando Él afirma que es misericordioso y que ha borrado sus ofensas, ellos simplemente lo aceptan como una realidad absoluta.
Vivir con una conciencia constante del perdón es lo que produce la victoria. Aun en los momentos de debilidad, en esos instantes donde los pensamientos o acciones fallan, el corazón maduro se mantiene anclado en la certeza de que la sangre de Jesús le limpia continuamente. Al contemplar la gracia y la misericordia divina, el amor por el Señor brota de forma espontánea y, como consecuencia natural, la fe, la paciencia y la bondad comienzan a abundar sin necesidad de forzarlas.
Te invito a meditar profundamente en el perdón y la justicia que ya posees gracias a Cristo. Esta es la llave para disfrutar de una relación plena con Dios y permitir que Su amor se manifieste a través de ti. Cuanto más firme sea tu confianza en Su gracia, más reinarás en cada área de tu vida.


La misión de la Asociación MAAM Costa Rica es edificar a los creyentes, profundizando su caminar con Cristo, para que disfruten de la Gracia que Dios nos ha dado.
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