20 diciembre

Enraizados en su Amor Incondicional

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Enraizados en su Amor Incondicional

Que tú, estando arraigado y fundamentado en el amor, puedas comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura—para conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento. - Efesios 3:17–19

Enfrentar un diagnóstico médico desalentador sacude los cimientos de cualquiera. Es humano experimentar una marea de emociones: desde el miedo y la tristeza hasta la duda o la indignación. Incluso es natural sentir que nuestra fe flaquea ante la incertidumbre. El Señor comprende tu humanidad y no espera que seas imperturbable ante la tormenta. Sin embargo, en medio de ese torbellino emocional, el camino hacia la paz consiste en mantener la mirada fija en Jesús, recordando la victoria que Él ya alcanzó sobre cualquier circunstancia.

Es posible que hoy sientas enojo al ver cómo la enfermedad ha afectado a un ser querido, o quizás te sientas vulnerable y lleno de preguntas mientras esperas resultados en una habitación de hospital. En esos momentos donde el silencio parece abrumador y surge el grito de "¿Dónde estás, Dios?", la desesperación intenta ganar terreno. Cuando los síntomas persisten a pesar de haber orado con todas tus fuerzas, surge la duda más insidiosa: no solo si Dios puede sanar, sino si realmente desea hacerlo.

Si te encuentras en ese punto donde la esperanza parece desvanecerse porque los resultados no llegan tan rápido como esperabas, te invito a sumergirte profundamente en Su amor. A veces, el ruido de nuestras preocupaciones es tan fuerte que opaca Su voz, pero precisamente allí es donde necesitamos una nueva iluminación.

Mi oración es que hoy puedas vislumbrar nuevamente la inmensidad —la anchura, la longitud, la profundidad y la altura— del amor que tu Salvador siente por ti (Efesios 3:18–19). Que tu corazón logre estar tan firmemente arraigado en esa certeza que, incluso cuando tu intelecto no logre procesarlo, tu espíritu descanse en Su cuidado. Al establecerte en esa seguridad, verás cómo Él actúa de manera superabundante, yendo mucho más allá de lo que alcanzas a pedir o siquiera imaginar (Efesios 3:20).

No permitas que las mentiras del adversario debiliten tu confianza. Aunque enfrentes ataques, recuerda que el enemigo ya ha sido vencido y cualquier plan diseñado para dañarte, Dios tiene el poder de transformarlo en una bendición para tu vida y un testimonio de Su gloria. La Palabra de Dios es clara al declarar que «ninguna arma forjada contra ti prosperará» (Isaías 54:17). Aunque la enfermedad intente levantarse como un arma, ten la plena seguridad de que no tiene la autoridad definitiva para prevalecer sobre ti.