17 diciembre

Una Imagen de Pura Gracia

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Una Imagen de Pura Gracia

¡Da gracias al Señor, porque es bueno! Su amor fiel perdura para siempre. (Salmo 118:1 NLT)

Hace tiempo, mientras dedicaba un momento a estudiar las Escrituras, una iluminación profunda transformó mi perspectiva. El Señor me hizo observar con detenimiento el trayecto de los hijos de Israel desde su salida de Egipto hasta su llegada al Monte Sinaí. Lo sorprendente de este periodo es que representa una imagen perfecta de la gracia absoluta: a pesar de sus constantes quejas y murmuraciones, ni un solo israelita perdió la vida en ese tramo del camino.

Admito que, al principio, busqué con insistencia en los textos algún registro de muerte para contrastar esta idea, pero la Palabra es infalible. Dios había rescatado a Su pueblo con señales asombrosas, y aun así, ellos respondieron con ingratitud. Frente al Mar Rojo, con el ejército egipcio pisándoles los talones, reclamaron con amargura: "¿Acaso no había sepulcros en Egipto, que nos sacaste para morir en el desierto? ¿Por qué nos has hecho esto?" (Éxodo 14:11). Murmurar es un error del corazón, una falta de confianza, pero la respuesta divina no fue el castigo, sino la apertura del mar para que cruzaran a salvo.

Ese patrón de bondad se repitió una y otra vez. Cuando se encontraron con las aguas amargas de Mara y se quejaron, Dios las transformó en aguas dulces (Éxodo 15:23–25). Cuando el hambre los desesperó y clamaron contra sus líderes, el cielo llovió pan para alimentarlos (Éxodo 16:2–4). Incluso cuando volvieron a protestar por la sed en el desierto, cuestionando por qué los habían sacado de Egipto para morir, Dios hizo brotar agua de una roca sólida (Éxodo 17:3).

¿Por qué recibían tales bendiciones si su comportamiento era tan deficiente? La respuesta es sencilla y poderosa: en ese periodo, la provisión no dependía de la obediencia o la conducta del pueblo, sino de la fidelidad de Dios a Su pacto con Abraham (Éxodo 2:24), un pacto basado enteramente en la gracia. Antes de la entrega de los Diez Mandamientos en el Sinaí (Éxodo 20), el pueblo vivía bajo un régimen donde sus fallos no activaban el juicio, sino que provocaban nuevas demostraciones del favor y suministro divino.

Hoy, la noticia para ti es extraordinaria: ya no vivimos bajo el antiguo pacto de la ley. La muerte de Jesús en la cruz nos ha liberado de ese sistema de méritos. En este nuevo pacto de gracia, Dios no nos evalúa ni nos bendice por nuestro desempeño individual, sino por Su propia bondad y por la fidelidad de Su Hijo.

Si hoy enfrentas un desafío que parece no tener solución o te sientes abrumado por tus propias imperfecciones, te invito a cambiar el enfoque. Deja de mirar tus errores y carencias. En su lugar, levanta la mirada y agradece por la gracia pura que se te extiende a través de la obra terminada de Cristo. No permitas que tu confianza dependa de tu actuación imperfecta; edifícala sobre el amor inquebrantable y el favor inmerecido de Dios. Al descansar en Su fidelidad y no en la tuya, verás cómo Él provee con abundancia todo lo que necesitas.