14 diciembre

El Gozo de Deleitar al Padre Celestial

man in black t-shirt and brown shorts holding girl in blue and black jacket walking
man in black t-shirt and brown shorts holding girl in blue and black jacket walking

El Gozo de Deleitar al Padre Celestial

A la alabanza de la gloria de Su gracia, por la cual nos hizo aceptados en el Amado. - Efesios 1:6

Las Escrituras de hoy revelan una verdad fundamental: por el favor inmerecido de Dios, hemos sido aceptados en el Amado, Jesucristo. Esta es una realidad para cada creyente. Si has puesto tu fe en Él, por la gracia divina, tienes tu lugar en el Amado.

La palabra griega utilizada aquí para "aceptado" es charitoo, que significa ser "muy favorecido". Nuestro Padre celestial desea que sepas que eres charitoo, es decir, muy favorecido en el Amado. Charitoo también implica ser "rodeado de favores". Esta es nuestra posición inmutable en Cristo: muy favorecidos y envueltos en favor, todo por la gloria de Su gracia.

Sin embargo, hay otro versículo que dice: "Por lo cual nos esforzamos también, para ser aceptados por él" (2 Corintios 5:9, RVR60). Si ya estamos aceptados por gracia y sin esfuerzo, ¿qué significa esta segunda escritura?

La clave está en la palabra griega empleada. Aquí, "aceptado" no es charitoo, sino euarestos, que se traduce como "bien agradable". Por eso, otras versiones, como la Nueva Traducción Viviente, dicen: "Por lo tanto, nuestra meta es... agradarle en todo lo que hacemos".

El concepto de euarestos no se trata de tu posición fija en Cristo, la cual ya es segura y favorecida. Más bien, se refiere a acciones que realizamos y que traen una gran alegría y gozo al corazón de nuestro Padre celestial. Ya somos muy favorecidos en el Amado, pero hay cosas que podemos hacer para glorificarlo y resultarle especialmente agradables.

Permítanme ilustrarlo: Nuestros hijos siempre son profundamente amados. No hay nada que puedan hacer para alterar esa verdad fundamental; su identidad como nuestros hijos es inmutable. No obstante, hay momentos en que hacen algo especial que nos toca el corazón y nos llena de gran alegría. En esos instantes, no solo son muy queridos, sino que también nos resultan especialmente agradables.

¿Tienen que hacer esas cosas especiales para ganarse nuestro afecto? ¡Absolutamente no! Su deseo de complacernos y hacer algo especial fluye de su confianza y seguridad en nuestro amor por ellos. Quieren agradarnos porque saben cuánto ya los amamos.

Lo mismo ocurre con nuestra relación con Dios. Cuando comprendemos profundamente cuán amados y firmemente establecidos estamos en Su gracia, nos nace el deseo de hacer buenas obras para brindarle deleite. El apóstol Pablo, un hombre fervoroso por el evangelio y las buenas obras, declaró: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no ha sido en vano; al contrario, he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Corintios 15:10, NBLA).

Pablo, quien tenía una revelación profunda de la gracia, no se volvió perezoso o pasivo. Por el contrario, trabajó más abundantemente que otros apóstoles por la causa del evangelio, y atribuyó todo su éxito ministerial a la gracia de Dios en su vida. Eso, de hecho, es euarestos (buenas obras agradables) en acción.

Todo lo que hacemos debe surgir del suministro abundante de la gracia de Dios. Nuestra generosidad, nuestro servicio y nuestro esfuerzo deben fluir por Su gracia. Cuando Su gracia es nuestro deleite, no podemos evitar trabajar más abundantemente y llenar de gozo el corazón de nuestro Padre celestial.