12 Enero

Mirando a Jesús

a group of people standing on top of a cement floor
a group of people standing on top of a cement floor

Mirando a Jesús

“Porque no tenemos poder para enfrentar a este vasto ejército que nos ataca. No sabemos qué hacer, pero nuestros ojos están puestos en ti.” (2 Crónicas 20:12 NVI)

Existe una verdad transformadora capaz de erradicar el temor y salvaguardar tu mente contra las acechanzas del adversario; se trata de la iluminación que proviene de una fe que no se rinde ante las circunstancias. En los momentos donde las probabilidades parecen estar en tu contra, la estrategia más efectiva no reside en el análisis del problema, sino en la entrega absoluta a través de la adoración. El rey Josafat nos legó una lección eterna cuando se vio rodeado por un ejército formidable que amenazaba con la aniquilación de Israel. Desde una perspectiva humana, la derrota era inminente, pero él decidió elevar su mirada por encima del conflicto, declarando con humildad: “No sabemos qué hacer, pero nuestros ojos están puestos en ti” (2 Crónicas 20:12). Esta actitud resuena con la promesa de Isaías 26:3: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.

Lo que ocurrió a continuación desafía la lógica militar convencional. En lugar de posicionar a sus mejores guerreros en la vanguardia, Josafat designó a un grupo de adoradores para encabezar la marcha. No marcharon con gritos de guerra, sino con un cántico de gratitud: “Dad gracias al SEÑOR, porque su amor perdura para siempre” (2 Crónicas 20:21). Al fijar su atención en el carácter inmutable de Dios y no en la magnitud de la amenaza, permitieron que la iluminación divina guiara su camino. Esta victoria sucedió siglos antes del sacrificio en la cruz; hoy, con mayor razón, podemos descansar en la seguridad de un amor que ya ha vencido al mundo. Como bien nos recuerda la Escritura: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

El desenlace de esta entrega fue sobrenatural: el Señor mismo confundió a los enemigos de Israel, haciendo que se enfrentaran entre sí. Cuando las tropas de Josafat llegaron al campo de batalla, no encontraron combate, sino la victoria ya consumada. Se dedicaron únicamente a recolectar un botín tan abundante que tardaron tres días en procesarlo. Esta es la misma promesa que se extiende sobre tu vida hoy. En el nombre de Jesús, cuando te sientas abrumado y la incertidumbre nuble tu juicio, recuerda que la postura más poderosa que puedes adoptar es la de un hijo que mira a su Padre. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2), encontrarás que Él pelea tus batallas mientras tú permaneces en paz. Al ser plenamente consciente de Su amor perfecto, que según 1 Juan 4:18 “echa fuera el temor”, no solo saldrás ileso del conflicto, sino que emergerás más fortalecido y bendecido de lo que jamás imaginaste.