06 Enero

La Sabiduría de Dios te Trae Ascensos

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La Sabiduría de Dios te Trae Ascensos

Entonces el faraón le dijo a José: «En la medida en que Dios os ha mostrado todo esto, no hay nadie tan perspicaz y sabio como vosotros. Estarás sobre mi casa, y todo mi pueblo será gobernado según tu palabra; solo en lo que respecta al trono seré mayor que tú.» (Génesis 41:39–40)

La historia de las Escrituras nos revela una verdad constante: cuando el favor del Altísimo acompaña a un hombre, su entorno no puede evitar notar la diferencia. En el relato de Génesis, observamos cómo Potifar identificó rápidamente que el Señor estaba con José, pues todo lo que este emprendía prosperaba de manera sobrenatural. Esta percepción no fue en vano; resultó en un ascenso inmediato, otorgándole autoridad sobre todos los asuntos de su casa. Este patrón de elevación se repitió más tarde a una escala nacional: cuando el faraón reconoció que el Espíritu de Dios habitaba en José y que no existía hombre con tal grado de prudencia e inteligencia, lo posicionó como gobernante de todo Egipto.

Es fundamental comprender que José jamás se adjudicó el mérito de sus facultades. Él era plenamente consciente de que Dios era la fuente exclusiva de su discernimiento. Ante el desafío del monarca, quien buscaba desesperadamente una interpretación para sus sueños, José no dudó en declarar: «No está en mí; Dios dará al faraón una respuesta de paz» (Génesis 41:16). Esta actitud refleja a un hombre que camina bajo la gracia, alguien en quien se puede confiar para manejar el éxito y la influencia porque reconoce que su capacidad es un préstamo del Cielo. Como bien señala la Escritura en Proverbios 2:6: «Porque el Señor da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios».

La sabiduría en acción va más allá de la simple interpretación de datos; se traduce en soluciones prácticas que transforman crisis en oportunidades. José no se limitó a explicar el sueño; ofreció una estrategia magistral para gestionar los años de abundancia frente a la escasez que la iluminación divina había anticipado. Este consejo estratégico no solo salvó a una nación, sino que le abrió las puertas de un palacio. Es el cumplimiento vivo de lo que declara Proverbios 18:16: «El don del hombre le hace espacio y lo lleva ante los grandes».

Los caminos del Señor desafían la lógica humana del esfuerzo propio. En menos de una hora, un prisionero olvidado se convirtió en el segundo hombre más poderoso de la civilización más grande de su tiempo. Este ascenso ocurrió sin manipulaciones, sin compromisos éticos y sin una lucha extenuante por escalar posiciones. Fue la gracia pura y absoluta la que marcó la diferencia en la vida de José.

Quizás hoy sientas que te encuentras en una especie de «prisión» —una situación donde te percibes estancado, invisible o incluso olvidado por quienes deberían apoyarte—. No obstante, la historia de José es un recordatorio de que tu relato no ha concluido. La elevación que proviene de lo alto está más cerca de lo que imaginas. Ante la incertidumbre, el camino no es la desesperación, sino la humildad. Santiago 1:5 nos ofrece una promesa infalible: «Si alguno de vosotros carece de sabiduría, que pida a Dios, que da a todos generosamente y sin reproche y se le dará».

Pedir iluminación al Señor es un acto de rendición donde reconocemos que nuestras fuerzas son limitadas, pero Su favor es infinito. Al depender de Su guía, no solo recibimos soluciones, sino que la vida, las riquezas y la honra se vuelven compañeras de camino, tal como promete Proverbios 3:16. No intentes forzar las puertas por tu cuenta; busca al Señor, deja que Su sabiduría sea tu guía y permite que Su favor inmerecido sea el viento que impulse tu ascenso.