05 diciembre

Los Surcos Están Listos Para Tu Sanidad

Newly plowed field with rolling hills in background
Newly plowed field with rolling hills in background

Los Surcos Están Listos Para Tu Sanidad

“Los quitanieves me araban la espalda; Dejaron sus surcos largos.” Salmo 129:3 (21st Century King James Version)

En este versículo, la Biblia nos presenta una imagen agrícola impactante y vívida para ayudarnos a comprender la violencia del sufrimiento que nuestro Señor Jesús soportó, un padecimiento que Él asumió por nuestra sanación.

El Salmo 129 es reconocido como un salmo mesiánico, y la descripción que contiene es un claro retrato de la brutal flagelación que Cristo sufrió. Un día, mientras reflexionaba sobre este pasaje, sentí una pregunta del Señor: "¿Por qué utilicé palabras asociadas con la agricultura?". Esto me hizo cuestionar: ¿Por qué diría el Señor "Me araron la espalda" en lugar de simplemente decir que fue golpeado o azotado?

Un arado arrastra una herramienta afilada que se incrusta en la tierra, rompiéndola y creando surcos profundos en preparación para la siembra. Creo firmemente que esto describe lo que ocurrió en la espalda de nuestro Señor Jesús. Cuando fue azotado por los soldados romanos, fue como si hubieran arado toda Su espalda.

Los surcos que se forman en la tierra tienen un propósito vital: permitir la siembra de semillas y facilitar el riego. En el contexto del Salmo 129, estos surcos representan las heridas profundas que Jesús recibió por nuestra sanación.

La flagelación romana era una tortura espantosa, administrada con un látigo llamado flagellum, compuesto por múltiples tiras de cuero incrustadas con fragmentos de hueso roto, metal y ganchos. Con cada golpe, estos fragmentos se alojaban en la carne de la víctima. Al ser arrancados violentamente, desgarraban la carne, dejando surcos largos y profundos en la espalda. Al finalizar el suplicio de nuestro Señor, es probable que Su espalda estuviera hecha trizas, sin quedar ni un solo trozo de piel intacta. De hecho, el Salmo 22, otro salmo mesiánico, nos revela que incluso Sus huesos quedaron expuestos y podían ser contados (Salmo 22:17).

No fue casualidad que se usara el lenguaje de la siembra para describir el terrible azotamiento de Jesús. Los surcos se hacen para que puedan sembrarse semillas. Cuando te sientes sin la fe necesaria para creer en tu sanación, recuerda que nuestro Señor Jesús nos enseñó que solo necesitas una fe tan diminuta como una semilla de mostaza (Lucas 17:6). El punto no es qué tan fuerte sea tu fe, sino que siembres esa pequeña semilla de fe en la tierra fértil de nuestro Señor. Cuanto más comprendas lo que Él ya ha hecho por ti, más crecerá tu fe y mayor será la cosecha de sanación que experimentarás.

Cuando Su espalda fue convertida en surcos, Él estaba permitiendo que se sembrara la semilla de tu sanación específica, ya sea para enfrentar la hipertensión, un tumor, el asma de tu hijo o cualquier otra condición que te esté afectando a ti o a un ser querido. El sufrimiento y el sacrificio de Jesús gritan que el precio de tu sanación ha sido pagado por completo. Es la prueba de lo inmensamente valioso que eres para Él.

Ahora, atrévete a buscar esa fe y a recibir tu sanación. Mientras esperas esa cosecha multiplicada, te animo a que experimentes Su amor por ti como nunca antes.