04 Enero
El Poder de la Palabra Hablada bajo la Gracia
El Poder de la Palabra Hablada bajo la Gracia
Porque Cristo es el fin de la ley para la justicia de todos los que creen. Porque Moisés escribe sobre la justicia que es de la ley: "El que haga esas cosas vivirá según ellas." Pero la rectitud de la fe habla de esta manera... "La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón" (es decir, la palabra de fe que predicamos): que si confiesas con tu boca al Señor Jesús y crees en tu corazón que Dios le ha resucitado de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree en la justicia, y con la boca se confiesa en la salvación. Romanos 10:4–6, 8–10
Al sumergirnos en las Escrituras, el apóstol Pablo nos revela con maestría el poder de la confesión bajo la nueva alianza de la gracia. Existe una distinción vital que todo creyente debe comprender: la diferencia entre el antiguo pacto de las obras y el nuevo pacto del favor inmerecido. Mientras que la ley se centraba en el esfuerzo humano y en el "hacer" constante para alcanzar una justicia que siempre parecía inalcanzable, la gracia nos presenta un regalo terminado. En Cristo, el fin de la ley ha llegado, dando paso a una justicia que se recibe por la fe.
Es fundamental discernir este cambio de paradigma. Bajo el antiguo pacto de la ley, la clave era funcionar correctamente para ser aceptado; bajo el nuevo pacto de gracia, el secreto es creer correctamente para ser transformado. No se trata de cumplir una lista de requisitos por miedo al castigo, sino de experimentar una metamorfosis interna. Cuando comprendes que has sido declarado justo por la sangre de Jesucristo, tu vida comienza a reflejar una piedad genuina que nace del corazón, no de la imposición.
Aquí radica el misterio de la iluminación espiritual: la fe se libera a través de las palabras. Pablo nos enseña que la palabra de fe no está lejos, sino "en tu boca y en tu corazón". Notemos el orden divino: primero se pronuncia y luego se arraiga en el espíritu. Lo que declaramos termina por establecerse en lo más profundo de nuestro ser, convirtiéndose en la brújula que guía nuestros pasos. Por ello, si enfrentas la enfermedad, no hables de tus síntomas como si fueran tu destino final; habla la verdad de la Palabra y declara: "Señor, gracias porque por tus llagas he sido sanado".
A diferencia de la justicia de la ley, que se enfoca en la acción externa —"el hombre que haga estas cosas vivirá por ellas"—, la justicia de la fe tiene una voz. Ella habla. No estamos trabajando para obtener una bendición; estamos confesando la bendición que ya es nuestra en Cristo.
Fuiste creado a imagen y semejanza del Creador. Al principio de la creación, cuando las tinieblas cubrían el abismo, Dios no se limitó a describir la oscuridad. Él no habló de lo que veía, sino de lo que deseaba que existiera. Declaró: "Sea la luz" (Génesis 1:3), y la luz fue. Él llamó a la existencia lo que aún no era visible. Vemos este mismo principio cuando cambió el nombre de Abram por Abraham, llamándolo "padre de multitudes" mucho antes de que tuviera un hijo, o cuando Jesús ordenó al hombre de la mano seca que la extendiera, devolviéndole la salud al instante.
Nuestros ojos físicos pueden ver carencia, enfermedad o desolación, pero el lenguaje de la fe ve la plenitud de Dios. Servimos a un Dios que vivifica a los muertos y llama a las cosas que no son como si fueran (Romanos 4:17). Esta misma autoridad te ha sido delegada. No te limites a narrar tus circunstancias; comienza a hablar según la iluminación que has recibido de Su Palabra. Cuando alineas lo que dices con lo que crees en tu corazón, verás cómo el poder de Dios se manifiesta en tu realidad, transformando lo inexistente en una bendición tangible.


La misión de la Asociación MAAM Costa Rica es edificar a los creyentes, profundizando su caminar con Cristo, para que disfruten de la Gracia que Dios nos ha dado.
Dirección
Avenida 9 y Avenida 7, Calle 4, Alajuela centro, Alajuela, Costa Rica
