02 diciembre

¡Una Alegría Incomparable!

two women walking on pebbles
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¡Una Alegría Incomparable!

En Él tenemos redención por Su sangre, el perdón de los pecados, según las riquezas de Su gracia. —Efesios 1:7

En el instante en que recibimos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, se nos ha concedido el perdón completo de todos nuestros pecados: pasados, presentes y futuros. Al nacer de nuevo, entramos en una nueva vida en Cristo. Ya no necesitamos esforzarnos para obtener el perdón; en realidad, ya lo poseemos por medio de Su sangre derramada. Este don no se basa en nuestras obras ni en nuestros méritos, sino exclusivamente en la inmensurable riqueza de la gracia de Dios, Su favor inmerecido.

La Escritura nos recuerda que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23), lo que significa que el castigo por el pecado es la separación. También establece que "sin derramamiento de sangre no hay perdón" (Hebreos 9:22). Por esta razón, la sangre es esencial para la expiación de los pecados. De hecho, bajo el antiguo pacto de la Ley, los pecados eran cubiertos temporalmente con la sangre de animales sacrificados.

La maravillosa noticia del evangelio es que Jesucristo, nuestro Salvador, descendió del cielo y se ofreció como el sacrificio perfecto en la cruz. Su sangre inmaculada y sin pecado nos asegura el perdón total de todas nuestras faltas. Dado que tú y yo somos incapaces de pagar la deuda de nuestros propios pecados, Él lo hizo por nosotros. Ahora, todo el que cree en Él no perecerá, sino que recibirá el regalo de la vida eterna. ¡Aleluya!

Medita en la forma en que el rey David describe la inmensa dicha de una persona cuyos pecados han sido perdonados:

"¡Oh, qué alegría para aquellos cuya desobediencia es perdonada, cuyos pecados son ocultos! Sí, qué alegría para aquellos cuyo historial el Señor ha limpiado de pecado." —Romanos 4:7–8

¡Qué gran bendición y alegría es haber recibido el perdón de los pecados! Por el contrario, cuando los creyentes dudan de su perdón, caen en inseguridades, miedos y ataduras perjudiciales.

El temor y la inseguridad son incompatibles con una relación saludable con Dios. Por ejemplo, en un matrimonio, si uno de los cónyuges no se siente seguro del amor del otro, nunca podrá disfrutar de la fuerza y la felicidad de esa unión, y con el tiempo, la relación se deteriorará. De la misma manera, nuestro Padre celestial no desea que vivamos en una perpetua duda sobre la certeza de nuestro perdón.

Hoy, arraigado en la firmeza de la Palabra de Dios, regocíjate y da gracias por la bendición de Su perdón, tan costoso para Él y tan libremente entregado a nosotros. Permite que esta verdad central del evangelio ancle tu corazón, te infunda fuerza y disipe todo sentimiento de miedo o inseguridad.