6 de octubre
El Secreto Para Recibir Tu Milagro
El Secreto Para Recibir Tu Milagro
Les pregunto de nuevo, ¿Dios les da el Espíritu Santo y obra milagros entre ustedes porque obedecen la ley? ¡Claro que no! Es porque crees en el mensaje que escuchaste acerca de Cristo. Gálatas 3:5 NTV.
Existe una tendencia muy sutil en la naturaleza humana que nos lleva a pensar que debemos esforzarnos, batallar o cumplir con rigurosos rituales para mover la mano de Dios a nuestro favor. A menudo se enseña que para ver prodigios se requiere una disciplina extrema, horas interminables de orar prolongadamente o sacrificios personales que supuestamente obliguen al cielo a responder. Sin embargo, el corazón del evangelio nos libera de esa carga pesada. La única razón por la cual el cielo se inclina hacia nosotros hoy es la obra perfecta y terminada de Jesús en la cruz. Como nos recuerda la Escritura: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9). Dios no es un juez al que debamos impresionar, sino un Padre amoroso que ya nos ha bendecido con toda bendición espiritual.
Ningún esfuerzo humano, ayuno prolongado o cumplimiento legalista puede comprar o merecer el favor divino. Pretender ganar un milagro mediante méritos propios es minimizar el sacrificio supremo del Calvario. Todo lo que el Padre ve es la sangre preciosa de Su Hijo, y en virtud de esa obra inquebrantable, Su poder milagroso fluye libremente hacia nuestras vidas en el instante mismo en que decidimos creer. La comunión con Dios a través del orar no es un medio para extorsionar respuestas, sino un deleite íntimo para disfrutar de Su presencia. Como bien señala el apóstol Pablo a los gálatas, las maravillas de Dios no se desatan por la obediencia a la ley, sino por la recepción confiada de la gracia de Cristo.
Consideremos la hermosa historia de aquel milagro registrado en los evangelios, donde una mujer con un flujo de sangre durante doce años encontró su sanidad. Bajo el peso de la ley mosaica, ella era marginada y considerada impura, incapaz de acercarse a nadie sin culpa. Sin embargo, al escuchar las buenas nuevas acerca de Jesús, sus ojos espirituales fueron inundados por una profunda iluminación de Su infinita compasión. Ella no se enfocó en su propia fuerza ni en su falta de méritos; simplemente se movió impulsada por la hermosura de Su gracia. En el preciso instante en que tocó el borde de Su manto, la salud fluyó a su cuerpo. Ella no era consciente de su propio esfuerzo o de su fe como una fuerza que debiera evocar con angustia; solo era consciente de la hermosura y el amor inagotable del Salvador. Cuando contemplamos Su gracia, el Señor se vuelve hacia nosotros y responde con la paz de un milagro consumado.
Por tanto, amado lector, no intentes fabricar una fe artificial ni cargues con la ansiedad de creer que no eres lo suficientemente bueno. Cada vez que las preocupaciones de la salud, las finanzas o la familia intenten robarte la paz, levanta tus ojos espirituales y contempla la cruz. Allí está la prueba definitiva de que Dios te ama sin condiciones. Al sumergirte en la contemplación de Su amor inmerecido, la fe brotará de manera natural en tu interior, trayendo sanidad, provisión y victoria completa a tu vida.
Di esta oración:
Padre celestial, gracias por la obra perfecta de Jesús en la cruz. Hoy renuncio a todo esfuerzo humano y dependencia de mis propias fuerzas. Elijo descansar en Tu gracia infinita, sabiendo que Tu amor y Tus milagros fluyen hacia mí no por lo que yo hago, sino por lo que Cristo ya consumó. Amén.


La misión de la Asociación MAAM Costa Rica es edificar a los creyentes, profundizando su caminar con Cristo, para que disfruten de la Gracia que Dios nos ha dado.
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