07 setiembre
La Pieza Central del Corazón de Dios
La Pieza Central del Corazón de Dios
“No con sangre de cabras y de terneros, sino con su propia sangre entró de una vez por todas en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido la redención eterna.” — Hebreos 9:12
Hay una hermosura indescriptible al desvelar a Cristo en los pasajes del Antiguo Testamento. Cuando contemplamos a Jesús revelado en cada sombra, en cada tipo y en cada detalle de las Escrituras, nuestro corazón es lleno de un ardor divino y una paz que sobrepasa todo entendimiento. Cada pincelada de la Palabra apunta con perfección matemática y amor inagotable hacia la plenitud de Su obra terminada y la superabundancia de Su gracia. Al tomarnos el tiempo para meditar en estas imágenes, el Espíritu Santo trae una iluminación gloriosa que nos afirma en Su amor inquebrantable y perfecto por nosotros.
Considera por un instante la imagen majestuosa de Cristo escondida en el arca de la alianza. En los días del antiguo pacto, la presencia manifestada del Señor habitaba en el templo, en el Lugar Santísimo, justo entre los dos querubines que coronaban el arca. Aquel era el trono de la majestad divina, la pieza central del corazón del Padre, diseñada con instrucciones milimétricas y divinas porque absolutamente cada fibra de su estructura proclamaba la persona, la belleza y la obra redentora de nuestro Señor Jesucristo. Como nos enseña la Escritura, todas las cosas fueron creadas por Él y para Él, y en Él todas las cosas subsisten (Colosenses 1:16-17).
La caja del arca, elaborada en madera de acacia y recubierta por completo de oro puro, nos ofrece una visión deslumbrante. La madera habla con elocuencia de la humanidad, y la acacia, siendo una madera incorruptible en la tierra bíblica, representa la humanidad perfecta, pura e inquebrantable de Jesús. El oro, por su parte, simboliza la divinidad inmaculada y la gloria de la deidad. De modo que la madera envuelta en oro nos revela al Emanuel: el Hijo de Dios completamente humano y completamente Dios, perfecto en Su compasión y todopoderoso en Su majestad.
Sobre la caja descansaba la cubierta, una losa de oro macizo conocida en el hebreo como el kapporeth, el propiciatorio o el asiento de la misericordia. Era desde ese lugar sagrado donde el Señor prometió comunicarse con el pueblo, sobre la sangre rociada por el sumo sacerdote en el Día de la Expiación. Sin embargo, lo verdaderamente impactante es comprender lo que esa tapa gloriosa mantenía oculto a la vista del Juicio Divino.
Dentro del arca reposaban tres elementos: las tablas de piedra con la ley, la vara de Aarón que floreció y la vasija de oro con el maná. Estos tres objetos representaban la fragilidad y la rebelión de la humanidad: la incapacidad de cumplir la ley por nuestros propios esfuerzos, la Which rebeldía contra la autoridad establecida y el rechazo a la provisión divina. Pero observa la sabiduría desbordante de la gracia: el Señor no dejó expuesta la falla del hombre. Él colocó esos símbolos de imperfección dentro del arca y los cubrió con la tapa del propiciatorio, sobre la cual se derramaba la sangre.
Al hacer esto, el Cielo proclamó una verdad eterna: Dios ha decidido no mirar tu culpa ni tus fallas cuando la sangre está sobre el propiciatorio. En el antiguo pacto, el pueblo celebraba porque la sangre de animales cubría provisionalmente sus faltas por un año. ¡Cuánto más hoy debemos regocijarnos nosotros! El sacrificio del Antiguo Testamento era solo la sombra, pero la sustancia es Cristo (Colosenses 2:17). Jesucristo no entró al santuario terrenal con sangre de animales, sino que ofreció Su propia sangre perfecta e inmaculada, entrando una vez y para siempre en el verdadero Lugar Santísimo celestial, obteniendo para ti y para mí una redención que no es temporal, sino eterna e indestructible.
Hoy puedes descansar plenamente sabiendo que el Padre te mira únicamente a través del filtro perfecto de la sangre de Su Hijo. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia de forma hiperbólica (Romanos 5:20). Al establecer a Jesús como el centro firme de tu corazón y meditar en la perfección de Su entrega, el temor se disipa, la condenación pierde todo su poder y la paz divina inundará cada área de tu vida. No estás bajo la ley ni bajo la sombra del juicio, sino bajo el manto inquebrantable del favor inmerecido. Puedes acercarte confiadamente al trono de la gracia para hallar socorro en todo tiempo, sabiendo que en la obra terminada de tu Salvador eres completamente aceptado, profundamente amado y destinado a reinar en la vida.
Di esta oración:
Señor, gracias por la perfección de la obra terminada de Jesús y por Su sangre preciosa derramada en la cruz, la cual me da una redención eterna y el perdón completo de todos mis pecados. Hoy descanso en Tu gracia desbordante, sabiendo que me ves puro, amado y victorioso únicamente por mérito de Cristo. Amén.


La misión de la Asociación MAAM Costa Rica es edificar a los creyentes, profundizando su caminar con Cristo, para que disfruten de la Gracia que Dios nos ha dado.
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